Heràclito y Parménides
Heráclito de Éfeso (s. V a C.) consideró la pruralidad y fugacidad de lo que le rodea, de su diversidad y continúa mudanza: todo cambia, nada permanece, en esta conclusión expresa lo que percibe de la realidad; nada de cuánto existe es al momento siguiente igual a sí mismo, ni en el mundo, ni a nosotros mismos. Nada hay que pueda considerarse permanente sino solo un continuo fluir: la existencia es la corriente de un río en la cual no podemos bañarnos dos veces en las mismas aguas. Los conceptos y las ideas son imposibles, son nada, sería como congelar el río.
Parménides de Elea posterior a Heráclito expresa que para que algo fluya es preciso que exista antes ese algo, es decir, un sustrato permanente:ser. La razón me pone delante una idea base de las demás, la idea de ser. A partir de ella conozco otras ideas: la de hombre, coche, abeja, círculo, bien, etcétera y después los sentidos me informan de un mundo de individuos todos diferentes, cambiantes, perecederos. Pero el ser es ilimitado, infinito, porque no limita con algo que no sea el ser; pero si es infinito, es uno, porque no hay lugar para otro; es además eterno, porque, qué le precederá o qué le seguirá?. Es asimismo inmutable, porque de dónde vendría? Adónde iría? Y es ese ser infinito inmutable y eterno lo que el filósofo llama Dios; fuera de él nada hay; de este modo acaba en el panteísmo. Éste dios panteista es inmutable, infinito, permanece eternamente, por lo tanto cuánto existe es parte, manifestación de un solo ser, que es Dios. La existencia y la mutación de las cosas son mera apariencia engañosa de los sentidos: nada cambia, todo permanece.
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